Me quedé con su sonrisa de cal y esa pizca de luz que me hizo soñar de nuevo

El corazón tiene cuerdas que es mejor no hacer sonar. Charles Dickens.

domingo, 9 de marzo de 2014

Página 73. ¿La despedida?

No hubieron más palabras, tan solo quedaron mis ojos clavados en su rostro apagado, trague saliva, note mi corazón a 300 por hora, pero no conseguí mediar palabra. Él, Noam, lo había dicho y yo repetía sus palabras en mi mente para no olvidarlas, para grabarlas en mi cabeza a fuego. Note como se me enrojecían los ojos, noté como mis lágrimas comenzaban a empapar mis mejillas y yo no podía apartar mi mirada de él. Noam tan solo respiraba y conducía, mecía el aire con mucho cuidado dejando que saliera tranquilamente entre sus labios, no habló, quizás esperando una respuesta de mí, que en aquel momento tan solo sentía miedo, no de ellos, no del dolor, sino tan solo de perderle ahora que sabía la verdad. Quería darle ese valor para parar el coche y mirarme, pero no podía hablar. La noche seguía pasando reflejada en los cristales de aquel cuatro ruedas que nos dirigía y nos llevaba firme hacia adelante, el frío seguía calándome las manos que estaban blancas como la cal que temblaban como si notasen el peligro que se despertaba a nuestras espaldas.
Me quedé dormida, casi una eternidad, el sol empezaba a levantar sus pestañas para dar un soplo de luz a aquel lugar al que habíamos llegado a parar, el paisaje nada tenía que ver con aquellas rocosas montañas que rodeaban la masía, en cambio nos encontrábamos en medio de unos altos árboles que nos daban la mano y nos daban paso uno a uno.
-¿Dónde estamos?- pregunte con el primer aliento que se me vino a los labios.
-Ya estamos llegando–susurró, dejando caer las palabras con delicadeza, una inexplorable delicadeza.
El amanecer nos perseguía, intentando cogernos, recorriendo el cielo a la velocidad de la luz. Noam paró el coche a un lado del camino por el que íbamos hacía ya un rato, paró el motor y suspiró. Bajamos, y noté el frescor verdecino del suelo, noté la pureza del aire y la brisa fría que flotaba a nuestro alrededor. Los árboles, de cientos de metros de altura se inclinaban ante nosotros y cantaban una dulce melodía que le daba la armonía perfecta a aquel lugar. Comenzamos a adentrarnos en aquel bosque de luz, andábamos muy cerca el uno del otro pero las palabras aún permanecían mudas. De pronto, el móvil de Noam sonaba.
-¿Si?.. Si estamos ya aquí... si exactamente en ese árbol. Está bien.- hablaba muy rápido pero apenas expresaba emoción alguna, colgó el teléfono y me miró. - Ya vienen.
-¿Quién viene? - pregunté.
-Tu madre. Ya están de camino, tardarán pocos minutos en llegar, ya sabes pueden llegar muy...- las palabras comenzaban a trabarse, respiraba muy deprisa y no paraba de evitar mis ojos.
-Noam
-Ya todo pasó...ya...- pero él no paraba de hablar
-¡Noam! No vas a venir ¿verdad?- clavó sus ojos en los míos y negó con la cabeza.- Entonces yo tampoco voy a ir.
-Claro que vas a ir Alex, tienes que ir, ahora que hemos llegado hasta aquí no puedes volver y dejar que ellos te encuentren.
-¡Claro que no puedo dejar que me encuentren! Pero sí que te encuentren a ti ¿verdad? ¿Cuándo voy a poder elegir yo?- Le grité dejando salir mi rabia.
-¿Crees que yo les importo Alex? Eres tú y solo tú lo que importa ahora y siempre.
-¿Dónde piensas ir Noam?- le pregunté firme.
-Lo más lejos posible, con suerte me seguirán y les haré perder el tiempo.
-Y cuando te encuentren te matarán y todos contentos ¿no? - le chillé y le volví a chillar. - ¿Cuantas jodidas veces te vas a alejar de mi Noam?
-No puedo ir contigo Alex yo no soy como tu ni como ellos, simplemente no puedo entrar, este es tu mundo y si puedes sobrevivir en él, debes estar aquí.
-No quiero.
-No te comportes como una niña.
-¿Una niña? Vete al infierno Noam.
-Precisamente es allí de dónde vengo- contestó riendo.- Ven, por favor. - Me pidió al ver que estaba al límite de mi misma.
Me acerqué a él y me abrazó muy fuerte, inspiró todo el aire que me rodeaba y me lo devolvió rápidamente. Yo sin embargo me refugié en él, en su pecho y en sus manos acariciándome la espalda, busqué en cada rincón de nuestros cuerpos un escondite donde huir, donde esfumarnos.
-Escucha, van a venir pronto, quiero que vayas ¿vale?- volví a negarle con la cabeza- claro que si Alex, ¿porque si a ti te pasa algo que me ocurrirá a mí? No puedes ser así de egoísta.- comencé a llorar, pero no me apartó, me abrazó más fuerte secando mis amargas lágrimas en su camisa arrugada.- Lo siento de verdad Alex, de verdad, ojalá y pudiéramos hacerlo de otra manera, pero no la hay. No quiero que me esperes ni siquiera que tengas la esperanza de volver a verme, por favor, no quiero que estés mirando constantemente la puerta esperando a que aparezcan mis manos o mis ojos. Adelante, siempre adelante ¿vale? Yo siempre estaré, aquí.- Me dijo, señalando mi corazón que en aquel momento comenzaba a desmoronarse por completo.- en tu corazón de ángel.
-Te quiero – susurré las palabras a su corazón, que muy en silencio escuchaba atento, como de la boca de Noam se escapaba una risa amarga.
-Yo también te quiero Alexandra, te quiero y es lo más fuerte que haya sentido jamás, gracias a ti.


Después, un sello, una llave que cerraba todo aquello que habíamos vivido, todas aquellas palabras que habíamos dejado escabullirse entre nuestros labios, todos los recuerdos que habíamos ido construyendo. Un beso, donde los suspiros dejaron todas sus fuerzas, donde las lágrimas recorrieron nuestras caras a su antojo, donde el tacto de sus dedos quedó grabado en mis mejillas y donde nuestros labios se despedían por última vez. 

martes, 27 de agosto de 2013

Página 72. Lo imposible

-Noam... ¿Qué haces aquí?- le pregunté en un susurro, antes de volver a toser.
-Escucha Alex no tenemos tiempo, te voy a sacar de aquí – me levanté rápida antes de tropezar con mi propia sombra y casi caerme allí en medio. Noam me ayudo a sentarme.- Dios ¿qué te han hecho Alex?
-Ya ni siquiera me acuerdo Noam, apenas siento nada. - Noam se acuclilló a mi lado y me acarició la mejilla sucia y totalmente cubierta de heridas.
-¿Un infierno verdad?
-Ni si quiera puedes llegar a imaginártelo. Pero ¿Cómo me vas a sacar de aquí?
-Lo escuchaba Alex, escuchaba cada latigazo que te daban, y no podía. Te iban a tener aquí hasta que hablases y serán capaces de matarte. Las sonrisas y las flores han terminado ahí arriba. Tu padre ha tomado el mando de todo, ha matado a Louis y ahora es él quien lo dirige todo, hoy ha enviado una expedición a buscar la espada y apenas quedan personas arriba. Vamos a salir de aquí ahora mismo. Toma. - me dijo todo muy rápido sin apenas parar a respirar, me tendió su túnica y me puso la capucha.
Me rodeó con sus brazos y sin hacer ruido salimos de aquel lugar, dejando atrás los ojos esperanzados de todos los que allí estaban, que veían en mí la única opción de sobrevivir. Subimos las escaleras de piedra, y cruzamos la masía con el corazón en vela, al llegar a la salida Noam me escondió detrás de una de las puertas que se encontraban abiertas y con un hombre aguardándola. El salió fuera. Yo me notaba el corazón cansado, me notaba el cuerpo dormido.
-Sebastian ha ordenado cerrar las puertas de atrás, ventanas y cualquier tipo de salida.
-¿Y eso por qué?
-La han encontrado, han dado con la espada y no han dicho nada porque seguro que cualquier imbécil se iría de la lengua, quieren llegar y cerrar la masía para proceder. No puedes decir nada. Ciérralo todo y luego vuelve, yo me encargo de vigilar aquí. - Su voz sonaba convincente y seria, sobretodo porque aquel hombre corrió a la parte de atrás pasando a escasos centímetros de mí. Dos minutos después Noam volvió a por mí. - Vamos Alex ya no queda nada.
-No puedo Noam, me duele todo, me pesan las piernas.- Volví a toser y esta vez la tos trajo consigo algo de sangre.
-Sí que puedes. - Noam me cogió en brazos y cruzó rápidamente la salida de la masía. Cruzó todo el camino que hace algunos días habíamos recorrido entrando por primera vez en aquel infernoso lugar. Justo detrás de una pequeña casa había un coche, un Jeep que ennegrecido nos esperaba. Noam me sentó en el sitio del copiloto y subió al coche. - ¿Puedes abrocharte el cinturón?- asentí – Bien, vayámonos de aquí.
El coche arrancó dejando atrás la masía, el dolor, la maldad, la sangre, a mi padre. La noche se extendía a su antojo hacia todos lados, la luna era la única luz que veíamos.
-¿Por qué haces esto?
-No iba a dejar que te mataran Alex.
-Nos pillarán.
-Antes te habrás ido- dijo convencido, con la mirada al frente sin titubear.
-Están decididos a ir a la guerra ¿verdad?- pregunté, en un susurro con miedo a que las paredes de aquel cuatro ruedas me escucharan.
-Siempre lo han estado Alex mucho antes de que aparecieras. Eres su llave, abres el único mundo al que no pueden acceder, le regalas lo único que necesitan para ganar.
-¿Estás de su parte?- no tuve respuesta, tan solo miró por la ventana en una mirada amarga.- Creo que me merezco saberlo Noam.
-En un principio si, lo veía bien, veía bien que al fin se diera libertad a los otros , que se les diera la oportunidad de mostrarse y no vivir a la sombra, en la oscuridad, fue eso lo que me dijeron Alex. Mi misión era gustarte y ganarme tu confianza, enterarme de tus sueños y de que ya eras capaz de ver a Tara, el único fallo fue que acabaste gustándome tu a mí, ese fue el fallo, a partir de ahí todo empeoró, me enteré de la guerra que se avecinaba, de las matanzas que se habían dado. Pero ahí estaba mi padre, el seguía dándome confianza. Pero...- lo contaba todo sin tener ningún contacto conmigo, que le escuchaba atenta.
-¿Pero qué?
-Pero el amor crece, la oscuridad también y cuando quieres a alguien sabes que puedes hacer por ella lo imposible, puedes cruzar mares, puedes mentir, puedes matar, solo por mantenerla a salvo. Te va a dar igual que te odie el resto de su vida si sabes que está viva. - contestó, seguro, clavándome cada una de sus palabras justo en el corazón.- Solo existe un amor verdadero Alex, aquel que te consume por completo. Y respondiendo a tu pregunta, estoy de parte del que te mantenga viva, y en este momento no son ellos.